Lechugas en las terrazas de la Comuna 13: un camino que ya no está cruzado por balas

Marzo 21 2023
Terrazas_verdes

En la Comuna 13 de Medellín las terrazas fueron convertidas en invernaderos para producir lechuga y albahaca en cultivos hidropónicos. Terrazas Verdes es un proyecto en el que crecen mensualmente más de tres mil unidades de vegetales que son fuente de empleo para madres cabeza de familia.

Por: Vorágine / Ilustración: Camila Santafé

Sol María Luna ha tenido que huir toda su vida. Se ha desplazado tantas veces como la violencia la ha obligado: de la planicie a las montañas, del campo a la ciudad y de la paz al caos. En todos los lugares que han sido hogar para ella y sus siete hijos ha encontrado la forma de hacer que la vida florezca, a pesar de que las condiciones han sido improbables en la mayoría. Hoy crecen vegetales y esperanza en la terraza de la casa en la que vive, en la Comuna 13 de Medellín.

Aunque nació en Planeta Rica, Córdoba, Sol María llegó a Medellín a los 15 años, a principios de los noventa, y desde entonces empezó a trabajar haciendo limpieza en casas familiares. La primera vez que tuvo que huir fue cuando vivía en La Loma, un barrio ubicado en la frontera entre la Comuna 13 y el corregimiento de San Cristóbal que funciona como corredor por el que se trafican armas y drogas.

Una mañana de mayo de 2013, cuando el sol apenas empezaba a calentar las empinadas laderas de La Loma, Sol María Luna empacó lo que le cabía en una maleta y emprendió su camino cuesta abajo para huir de las balas que disparaban los combos de la zona disputándose el sector. Alejarse de las ventanas y refugiarse bajo las camas ya no iba a funcionar, escapar era una obligación. Lo mismo hicieron más de cuarenta familias que recibieron la misma sentencia: desalojar en menos de 24 horas. La única opción que Sol encontró en ese momento fue la de devolverse a la costa junto a sus hijos.

La violencia volvió a tocar su puerta siete años después, en 2020, en el corregimiento de Pica Pica, en Montelíbano, Córdoba. Sol María vivía junto a sus hijos en una parcela en la que cultivaba aguacate, plátano, berenjena, tomate, ají, mango, habichuela y criaba gallinas. No solo le bastaba para el consumo de su familia, también vendía de su cosecha. Hasta allá llegaron actores armados para reclutar entre sus filas a su hijo Iván, entonces menor de edad.

“No, qué pena, él está estudiando, es un menor de edad, yo no voy a permitir que hagan eso con mi niño. Yo soy una mamá cabeza de hogar y puedo trabajar para mantenerlo, pero él no se me va”, recuerda Sol con la misma entereza que les habló a los hombres armados. Pero su negativa era nuevamente una sentencia de desalojo. “Bueno, yo prefiero irme pero mi hijo no se va con ustedes”. Detrás de Sol y sus hijos quedaron las gallinas, los cultivos y todo lo que no cabía en el bus que los llevó de regreso a Medellín. La acompañaban sus pocos ‘chocoritos’ y la incertidumbre de lo que vendría después.

Una vez en Medellín, Sol María y sus hijos tuvieron que vivir entre un lugar y otro, dependiendo de si había dinero para pagar arriendo o si tenían que recurrir a la caridad de quien pudiera darles posada. El único trabajo estable que Sol encontró fue como empleada interna en una casa, de lunes a sábado. A sus hijos los veía cada ocho días y entre semana era responsabilidad de los más grandes cuidar a los más pequeños. 

Entre una casa y otra estuvo trabajando Sol hasta que, a inicios de 2022, su casa se convirtió en su propio lugar de trabajo. Las plantas de lechuga y albahaca que actualmente crecen en las terrazas de la Comuna 13 necesitan un mes con sus raíces en el agua para crecer y convertirse en alimentos consumibles. Treinta días de sol con sus respectivas noches de luna deben transcurrir para que la cosecha entregue sus frutos a las manos de Sol María Luna, la primera madre en vincularse a Terrazas Verdes.

Terrazas Verdes es un proyecto productivo que convirtió placas de cemento en invernaderos en los que crecen vegetales en sistemas de producción agrícola hidropónica, es decir, cultivos en los que se sustituye el suelo por agua. Los nutrientes no los aporta la tierra, sino que se agregan al agua que circula por tubos de PVC con pequeños huecos, en los que reposan las plantas con sus raíces sumergidas.

En las laderas que rodean el Valle de Aburrá la ciudad crece hacia arriba, abriéndose paso entre las pendientes, como queriendo alcanzar el cielo. Con ese mismo espíritu, las casas, en lugar de techos, son construidas con terrazas como augurio del crecimiento venidero. Una casa con terraza tiene implícita la promesa de que todavía se puede crecer, aunque muchas no terminan siendo más que un tendedero de ropa y sueños. Hoy, en lo más alto de la Comuna 13 de Medellín, en el barrio Nuevos Conquistadores, las terrazas tienen un nuevo propósito: sembrar oportunidades para cosechar bienestar en las familias de la comuna.

Terrazas Verdes fue la posibilidad de que Sol María Luna pudiera trabajar sin dejar solos a sus hijos. Ella misma los lleva a estudiar para después empezar su jornada laboral entre los invernaderos donde, con calma, se sienta y cuenta la historia de su vida; un relato sobre la forma en que la violencia se ha ensañado contra los más vulnerables. Sus hijos la interrumpen, se sientan en sus piernas y ella se ríe de forma nerviosa. El blanco de su camisa, del mismo color de los tubos en los que crecen las lechugas, hace rebotar la luz del sol que se filtra entre el plástico que controla la temperatura y la humedad de los cultivos. La terraza es un foco de luz entre el gris del cemento y el naranja del ladrillo que predominan en la Comuna.

Sol María Luna trabaja de lunes a sábado y recibe un salario con prestaciones sociales, mientras sus hijos y las plantas crecen bajo su atento cuidado. Ahora es experta en hidroponía; conoce sobre el pH, la conductividad y los nutrientes que semana tras semana debe tener el cultivo para que la cosecha sea un éxito. No hizo falta que terminara el colegio para que en cuestión de semanas ya supiera todo lo que necesitan las plantas para crecer sanas y fuertes. La experiencia le ha enseñado cómo cuidar la vida.

Verde entre las grietas

Las terrazas grises, vacías y azotadas por el sol, que una vez fueron trincheras, hoy son la planta de producción de Terrazas Verdes, un proyecto en el que se cosechan más de tres mil unidades de lechuga y albahaca cada mes. En la casa que hoy funciona como sede principal del proyecto vivió toda su infancia Carlos Alberto Sánchez, mejor conocido como Nene, junto a su mamá y sus hermanos. 

Los pasamanos de la casa aún conservan los impactos de bala que durante décadas han golpeado a la Comuna 13 y Carlos aún tiene el recuerdo de los días y las noches de terror. Recuerda que en la casa tenían un cuarto que hacía las veces de trinchera, estaba junto a la cocina, lejos de las ventanas y la fachada. En cada casa había un lugar designado para esconderse cuando llovían las balas, que no tenían horario.

Carlos ha vivido toda su vida en la Comuna 13 y ha sido testigo de las formas en que el conflicto se ha transformado en ese territorio; ha visto desfilar milicias, guerrillas y paramilitares por las empinadas pendientes. También ha visto a familias enteras abandonar la comuna huyendo del miedo. Entre 1997 y 2009 la violencia obligó a desplazarse a 3.503 personas de 832 hogares, de acuerdo con el informe Desplazamiento forzado en la comuna 13: la huella invisible de la guerra publicado en 2011 por el Grupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación. 

Las dinámicas de la violencia en la Comuna no solo rodearon a Carlos y su familia, los impactó directamente. Uno de sus hermanos, Jeferson, fue alcanzado por una bala una noche en la que se dirigía a la casa en la que juntos crecieron; estuvo en coma cuatro meses. Jeferson tenía un historial de relaciones conflictivas y consumo de drogas, la misma situación que hizo que Paola, otra de las hermanas de Carlos, se alejara de la casa familiar y terminara viviendo durante casi diez años en situación de calle, entre la drogadicción y la prostitución.

“Cuando yo les pregunté a ellos qué les pasó, respondieron que les hizo falta crecer con alguien, con una mamá o un papá. A mi mamá le tocó tomar la decisión más difícil y fue tener que alejarse de sus hijos para trabajar, porque mi papá se fue y nos abandonó. Nosotros nos despertábamos a las 5 de la mañana, aún de noche, y no veíamos a mi mamá. Sólo la veíamos cuando era otra vez de noche”, recuerda Nene. Fue la historia de su familia la que motivó la creación de Terrazas Verdes, un proyecto que genera empleos para madres cabeza de hogar que pueden trabajar y cuidar a sus hijos sin tener que desplazarse de su vivienda.

Carlos Sánchez, además, es fundador de la Corporación Afrocolombiana Son Batá, de la que también hacen parte sus hermanos. Es una apuesta para la transformación social de la Comuna 13 a través de la música y el arte. De acuerdo con Sánchez, desde su fundación en 2007, Son Batá ha luchado contra el racismo demostrando todo lo que puede lograr la cultura. Su propósito es “que la gente se sienta orgullosa y que sepa de dónde es, de dónde viene y con lo que tiene puede soñar y transformar su realidad”.

El proyecto de las terrazas primero tuvo un piloto en 2018, que no encontró cimientos para crecer, pero en 2020 aparecieron los primeros creyentes: el Grupo Éxito y la Fundación Éxito aportaron los recursos para la construcción de los dos primeros invernaderos con sus respectivos sistemas de cultivo hidropónico. Según el Grupo Éxito, “nutrir de oportunidades a Colombia es el propósito superior” de la empresa, y Terrazas Verdes es un aliado para que la niñez del país crezca con cero desnutrición crónica.

El Grupo Éxito encontró en la Comuna 13 una forma de conectar con los proyectos de ciudad que generan desarrollo y contribuir a la protección de las vidas de niños y niñas. En un año fueron cultivadas 7 toneladas de alimentos nutritivos para Medellín y 300 familias fueron beneficiadas a través de los cultivos hidropónicos de lechuga y albahaca que también se comercializan en los almacenes Éxito.

Hoy, Terrazas Verdes cuenta con una sede propia y un equipo de nueve personas que trabajan en cinco terrazas. Las oportunidades florecen con cuidado y paciencia, como la lechuga y la albahaca. Dos mujeres cabeza de familia integran ese grupo, y con ellas sus hijos y sus historias. De acuerdo con Nene, el propósito del proyecto es capacitar y emplear a las madres durante dos años y medio, tiempo suficiente para recuperar la inversión, para que luego sean ellas las que continúen administrando los cultivos. 

Una alternativa para cuidar el planeta

De acuerdo con un informe publicado en junio de 2022 por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), la agricultura y el cambio en el uso del suelo son responsables del 22% de las emisiones de CO2 que llegan a la atmósfera. 

Los cultivos hidropónicos no solo disminuyen el impacto de la agricultura sobre los suelos, además reducen al mínimo el gasto de agua. Roberto Caldas es ecólogo de la Universidad Javeriana y el responsable del montaje de los invernaderos y los sistemas de cultivo de Terrazas Verdes, también fue el encargado de hacer las capacitaciones a las madres y a todo el personal de trabajo que acompaña el proceso de producción de los vegetales. Ha dedicado su carrera a estudiar la agroecología, la agricultura alternativa y la hidroponía, una forma de cultivo que, según afirma, reduce el gasto de agua en un 95% en comparación con la siembra en tierra.

“Estamos sembrando en terrazas dentro de la ciudad, eso tiene unas implicaciones ambientales grandísimas en cuanto al ahorro de recursos y al impacto que la agricultura tiene en la deforestación, la huella de carbono y la presión sobre los ecosistemas naturales. La única agua que se gasta en la hidroponía es la que se evapora y la que absorben las plantas, a diferencia de los sembrados en tierra en los que las plantas absorben lo que necesitan y el resto se pierde en la tierra que las rodea”, explica Caldas.

La ventaja principal de los cultivos hidropónicos es que se pueden realizar en cualquier parte, no solo en el campo. Entre el cemento de las ciudades, donde es cada vez más escaso el color verde, están las condiciones para que la vida florezca. De acuerdo con el ecólogo Caldas, cualquier persona con un balcón o una terraza podría tener un cultivo hidropónico rudimentario en su casa.

Los vegetales que crecen entre las terrazas de la Comuna 13 de Medellín son orgánicos. Terrazas Verdes tiene un plan de manejo de plagas y enfermedades del que no hacen parte pesticidas ni agroquímicos, solo productos orgánicos. Además, en este tipo de cultivos, donde el agua es protagonista, es menos probable la aparición de plagas en comparación con los cultivos en tierra, porque se evitan todas aquellas que vienen del suelo.

Roberto Caldas destaca además que “la hidroponía tiene una ventaja muy grande: al tener control sobre el alimento que reciben las plantas en la solución nutritiva del agua, están completamente nutridas, en su máximo de alimento, entonces son fuertes para pasar las crisis más fácilmente. Es como un niño, si no le das la comida adecuada pues le llega cualquier enfermedad y lo pone mal, mientras que si le das pescado, fruta, verdura, de pronto le llega una gripa y no le hace mucho”.

La analogía que propone el ecólogo para entender los efectos de la nutrición en las plantas, en relación con la nutrición en los niños, cobra sentido al conocer las cifras de desnutrición en la primera infancia en Medellín. El 27 de septiembre pasado, la alianza interinstitucional Medellín Cómo Vamos publicó el informe ¿Cómo va la primera infancia en Medellín? 2021. El documento revela que el porcentaje de prevalencia de desnutrición crónica en menores de seis años viene en aumento desde 2018; ese año el porcentaje era de 6,9% y, en 2021, fue de 7,8%.

La adecuada nutrición de niños y niñas es, precisamente, otro de los objetivos de Terrazas Verdes en la Comuna 13 de Medellín. Con la siembra de vegetales como la lechuga y la albahaca, el proyecto promueve la alimentación saludable para aportar a la seguridad alimentaria de la niñez y sus familias en la comunidad. Los alimentos que cosechan y no van para la venta son repartidos entre las familias vecinas y entre quienes trabajan en las terrazas.

Cosechas lo que siembras

Los grafitis que cuentan las muchas historias de resistencia que han tenido lugar en La 13 hicieron de esa comuna un atractivo turístico de Medellín y de Colombia. No existen cifras exactas, pero se estima que cerca de seis mil personas visitan la comuna cada fin de semana. El principal atractivo es el Graffitour, un recorrido en el que las paredes con creaciones de artistas locales se llevan la atención de locales y extranjeros. 

Terrazas Verdes busca consolidar un nuevo tour en la Comuna 13, uno en el que el color verde brillante de las lechugas sea el protagonista. Carlos Sánchez, el Nene, y sus hermanos, tienen como objetivo que la vida que crece entre las terrazas lleve más atención a la comuna, para visibilizar lo que hay detrás de cada una de esas plantas.

“Nosotros no estamos vendiendo lechugas, estamos vendiendo lo que hay detrás de una lechuga: las madres, la historia que cada familia ha vivido, eso es lo que la gente en realidad está comprando: la carga que tienen, el valor agregado que tienen”, explica Nene desde la sede de Terrazas Verdes, que es una de las paradas del tour que lleva el mismo nombre.

Terrazas Verdes ya tiene recursos para el montaje de, al menos, otros doce invernaderos con sus sistemas de cultivo hidropónico, pero el sueño es tener al menos 500 terrazas en la comuna y muchas más por fuera de ella, en otros municipios y en otras ciudades de Colombia. Sumar más terrazas es la posibilidad de multiplicar bienestar en los hogares del país.

Las plantas necesitan condiciones que garanticen su adecuado crecimiento y desarrollo hasta convertirse en alimentos de valor nutricional para el consumo humano. Carlos, el Nene, piensa que lo que necesita la Comuna 13 es muy similar: “El propósito es lo que nos hace servir a la humanidad. Eso es lo que hacen las plantas, llegan a un propósito para servir, pero necesitaron un ambiente para desarrollarlo, necesitaron sol, agua, ternura, cuidado. Los seres humanos necesitamos manos llenas de amor como las de Sol, que nos ayuden a comprender más, a ser más resilientes, más empáticos, a dar más amor. Eso necesita hoy la comuna y el mundo”.

Cuando Nene duerme, la mayoría de sus sueños ocurren en la casa en la que creció, donde hoy funciona la administración de las Terrazas Verdes. Aunque la casa tiene un graffiti que ocupa toda la fachada con el nombre del proyecto, Carlos la nombra siempre como “la casa de arriba”. Ese espacio, que un día fue taladrado por balas perdidas, ahora es un lugar donde se gestan proyectos de vida. 

Los vegetales que crecen en la Comuna 13 primero fueron el fin de Terrazas Verdes. Con el tiempo se convirtieron en un medio para generar un cambio en la comuna. Un cambio en medio de tanto estigma. Sembrar lechuga y albahaca es una excusa para cultivar a una nueva generación que no tenga que irse y volver ni terminar en las calles o vinculado a algún grupo armado. Terrazas Verdes no es la solución a todo, pero es un camino, una luz y eso no es poco.